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domingo, 22 de noviembre de 2009

La marcha verde 34 años después


LA QUEREMOS EN CASA









Hoy pensaba poner uno de mis poemas para actualizar mi blog Sáhara ¡por un sueño de libertad! pero repasando noticias de la red, me he encontrado con este artículo escrito por Don Carlos Ruiz Miguel, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago de Compostela y publicado en Libertad Digital el 5/11/2005. Como quiera que a consecuencia de los hechos acaecidos con la saharauia Aminetu Haidar, (la Ghandi Saharauia) conviene refrescar un poco la memoria sobre los hechos del año 1975 y como yo reconozco que este artículo es una denuncia fehaciente de todo lo que ocurrió y por tanto, explica mejor que yo podría hacerlo, las motivaciones para los hechos que están ocurriendo, me he permitido colgarlo en mí blog.
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La Marcha Verde continúa treinta años después

Por Carlos Ruiz Miguel

El 6 de noviembre de 1975 se produjo la penúltima agresión marroquí contra España. La última, como es sabido, fue la invasión de Perejil, en julio de 2002. El recuerdo de la historia de la invasión marroquí del territorio administrado por España (el entonces Sáhara Español) resulta especialmente instructivo en nuestros días. Como en la España socialista de hoy, en la España franquista de hace 30 años el lobby pro marroquí promovía la rendición ante la agresión en aras de la “amistad” hispano-marroquí. Como en la España socialista de hoy, en la España franquista de hace 30 años el Gobierno traicionó al pueblo saharaui.

Y, como en la España socialista hoy, en la España franquista de hace 30 años el Gobierno tomó las decisiones que más daño pudieron hacer a los intereses nacionales españoles.


La Marcha Verde: una invasión de un territorio entonces español.
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El tirano Hassán II escenificó el anuncio de la Marcha Verde el 16 de octubre de 1975. Fue el mismo día en que el Tribunal Internacional de Justicia rechazó sus pretensiones de que el Sáhara debía ser "devuelto" a Marruecos porque antes de la ocupación española lo había poseído. El TIJ, tras considerar todos los documentos históricos presentados por España, Marruecos y Mauritania, resolvió que Rabat nunca ejerció "ni soberanía, ni cosoberanía, ni ningún otro derecho de tipo territorial" sobre el Sáhara Occidental. La consecuencia de este dictamen es que quedaba libre el camino para celebrar el referéndum de autodeterminación, para lo cual, desde un año antes, se había confeccionado un censo (el famoso "censo de 1974").

Ahora bien, Marruecos sabía entonces, como hoy, que el pueblo saharaui ni es ni quiere ser marroquí, por lo que tenía que impedir como fuera el referéndum. La forma de hacerlo fue la invasión militar del territorio, acompañada de la Marcha Verde. Precisamente porque Rabat había premeditado el rechazo al Derecho Internacional, hacía meses que preparaba la invasión. Aunque Hassán dijo que la idea se le ocurrió en un "sueño" tres semanas antes, lo cierto es que la Marcha Verde fue ideada por el "realista" Kissinger y financiada por la wahabita monarquía saudí.

El 16 de octubre de 1975, después de mentir con su habitual cinismo sin par diciendo que el TIJ había dado la razón a Marruecos, Hassán anunció la organización de una "marcha" de "civiles" que se dirigirían a pie a ocupar "pacíficamente" el Sáhara. La marcha "civil" y "pacífica" comenzó el 26 de octubre de 1975, dentro de Marruecos, rumbo a la frontera suroccidental del Sáhara con aquel país. Ya entonces el Gobierno español pactó en secreto la entrega del territorio a Marruecos, y ese mismo día el Ejército español abandonó algunos puestos militares en la frontera marroco-saharaui suroriental.

Ese día, las tropas del ejército marroquí invadieron por allí el Sáhara, matando a quien se resistía. El hoy novelista y académico Arturo Pérez Reverte, entonces corresponsal del diario Pueblo, fue el primero en informar de que, mientras por el oeste se escenificaba la Marcha Verde, por el este el ejército español se iba y el marroquí ocupaba el territorio.

Siguiendo el guión previsto, mientras existía un bloqueo informativo sobre la ocupación militar marroquí en la frontera este, había un gran despliegue informativo sobre las etapas que cubría la Marcha Verde en el oeste. La tensión crecía ante la eventualidad de la invasión de los "pacíficos" manifestantes. El jefe del Estado en funciones, el príncipe Don Juan Carlos de Borbón, viajó a El Aaiún el 2 de noviembre para decir a las tropas y a los saharauis: "España cumplirá sus compromisos". Una frase lapidaria que en la historia del Sáhara está junto a la de Felipe González en Tinduf en 1976: "Estaremos con vosotros hasta la victoria final".

Conforme avanzaba la marcha, el lobby promarroquí español conspiraba. Se llegó, así, a un pacto secreto entre Hassán II y el ministro Solís, que –¡oh casualidad!– era el administrador en España de los bienes del tirano alauita. El pacto consistía en que España desminaría la frontera internacionalmente reconocida (el paralelo 27'40º) para que los marroquíes consiguieran ocupar el Sáhara Occidental; entonces la marcha se detendría, para abrir unas negociaciones que abocarían a los Acuerdos de Madrid de 14 de noviembre de 1975.
La Marcha Verde, una invasión condenada por la ONU
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El Ministerio de Asuntos Exteriores español defendió la legalidad internacional, en contra del criterio promarroquí de la Presidencia del Gobierno. No sólo hizo una brillante defensa del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui en el TIJ (coronada por el éxito), sino que en la ONU veló por el respeto del mismo. Cuando el 6 de noviembre la Marcha Verde invade el Sáhara, el entonces representante español ante las Naciones Unidas, Fernando Arias-Salgado (suplía al embajador Jaime de Piniés, que se hallaba enfermo), solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad y consiguió que se aprobara la resolución 380, que condenaba la invasión y pedía la retirada de la marcha fuera de la frontera internacionalmente reconocida entre Marruecos y el Sáhara Occidental.

Las consecuencias que se extraen de esta resolución son de una importancia extraordinaria. La presencia marroquí en el Sáhara nunca ha sido justificada por la ONU. Aunque el actual ministro español de Exteriores se empeñe en decir lo contrario, Marruecos no tiene ningún título para permanecer en el territorio. El acuerdo de Madrid de 14 de noviembre de 1975 contradice la legalidad internacional; de hecho, la ONU consideró, después de esa fecha, que España seguía siendo la "potencia administradora" del territorio y que la presencia marroquí era una "ocupación".

La Marcha Verde: una agresión contra España celebrada por Marruecos
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Con su habitual cinismo, Hassán II decía, al anunciar la Marcha Verde, que los manifestantes deberían dar un "abrazo" a los españoles si se los encontraban al invadir el territorio. Poco después, declaró al periodista francés promarroquí Eric Laurent (v. Hassán II, la memoria de un rey, Ediciones B, 1994, pág. 190) que la marcha había sido un "chantaje", "horrible" pero, según él, "lícito".

El hecho es que la monarquía marroquí ha instituido como fiesta nacional no la del Acuerdo de Madrid, sino el 6 de noviembre de 1975. Obsérvese bien: Marruecos celebra como "fiesta nacional" un día en que se produjo una invasión declarada ilegal por la ONU (resolución 380) y que fue un chantaje contra España. El dato es, ciertamente, espeluznante: un país celebra la violación del Derecho Internacional y la agresión contra el vecino.

Si de la "anécdota" trascendemos a la "categoría", la conclusión no puede ser más clara: mientras Marruecos celebre la Marcha Verde no podrá tener credibilidad internacional y serán mentira los discursos de "amistad hispano-marroquí".

Internacionalmente, resulta del todo inaceptable que un Estado miembro de la ONU celebre el día en que se produjo una violación del Derecho Internacional condenada por la ONU. Eso sí, el recuerdo de este hecho no sólo resulta especialmente instructivo antes de firmar un acuerdo internacional con Marruecos, también para conocer el peculiar modo de entender sus "compromisos" por parte de la monarquía alauita una vez firmados.

Con estos antecedentes, nadie debiera extrañarse de que Rabat incumpla sus compromisos en el Sáhara, asumidos al aceptar el "plan de paz" de 1990 o los acuerdos de Houston de 1997. Igualmente, no debiera sorprender que incumpla su compromiso de repatriar emigrantes de terceros países, asumido en el convenio de 1992, o el de repatriar a sus menores, según el acuerdo de 2003. Tampoco puede calificarse de "inesperado" el hecho de que incumpla el acuerdo de asociación con la Unión Europea, por el que se comprometió a respetar los Derechos Humanos. En estas condiciones, que alguien intente vender la idea de que Marruecos es un "Estado de Derecho" es un puro sarcasmo.

Desde el punto de vista de nuestros intereses nacionales, más relevancia tiene el análisis de lo que significa la celebración de la Marcha Verde. Mientras Marruecos celebre como fiesta nacional una agresión contra España, cualquiera que afirme que nuestra relación es de "amistad" miente. Hasta donde se me alcanza, nadie celebra por todo lo alto el ataque contra el presunto amigo. ¿Alguien se imagina ahora a Alemania celebrando la invasión de Francia? Mientras Marruecos no deje de celebrar la agresión, cualquier discurso de supuesta "amistad" hispano-marroquí será mentira. Por la misma razón, el discurso que atribuye "a Aznar" la responsabilidad de una mala relación será igualmente falso, aparte de cómplice de quien sigue celebrando la agresión.

Hoy, como hace treinta años, el Gobierno de España está detentado por quienes han asumido como política fundamental la de complacer a la monarquía marroquí. Hoy como ayer, el "precio" de esa complacencia es el abandono del pueblo saharaui al exterminio. Hoy como ayer, se dice que es el "precio" para que se consolide la monarquía como clave de la "estabilidad" de ese país. Hoy como ayer, eso es mentira.





Carlos Ruiz Miguel, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago de Compostela.

© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
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¿No resulta una incongruencia que se le exija a esta mujer saharaui una renuncia a sus derechos aceptando que su nacionalidad es marroquí? ¿Donde están los representantes del gobierno español que no han salido en defensa de esta mujer que en tiempos era española? Son dignos sucesores del traidor Felipe González que tantos arrumacos hizo a los saharauis hasta que consiguió el gobierno de España. Entonces se le vió el verdadero rostro. El rostro de un ser indigno de mirar a los ojos a cualquier saharaui que se encuntre en su camino, y por supuesto a cualquier español que crea en los derechos del pueblo saharaui y en la justicia internacionel.
J, F. Bravo Real





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